miércoles, 21 de julio de 2010

SEDA



Seda
Autor Alessabdro Baricco traducida al castellano por Xavier Gonzáles Rovira y Carlos Gumpert
Género Novela corta
Idioma Español
Título original Seta
Editorial Anagrama
País Italia
Fecha de publicación 2002
Páginas 125
ISBN 978-958-99091-0-2

Seda es una novela del escritor italiano Alessandro Baricco publicada en 1996 con el título de Seta. La novela ha conocido un gran éxito editorial y ha sido traducida a numerosos idiomas.

Ambientada en el siglo XIX, narra la historia de un francés llamado Hervé Joncour, que viaja repetidamente a Japón, en aquel momento aislado de occidente, para adquirir huevos de gusanos de seda para surtir a la industria de Lavilledieu, su pueblo, de ese tejido.

Respecto al estilo, y según M. Vargas Llosa, la novela destaca por su laconismo y sutileza. Lenguaje breve, conciso, sugerente, casi a la manera de una antigua fábula oriental.

Su adaptación cinematográfica, titulada originalmente Silk, ha sido estrenada bajo el título de Seda en España y Retrato de amor en México.
Estilo
Es un novela enmarcada dentro de las prácticas de la novela corta: ninguno de sus capítulos excede las tres páginas. Se destaca por su ritmo pausado y sus sutiles composiciones. Las descripciones de las prácticas de Japón corresponden a la mirada de occidente que descubre en su elegancia y en su misterio una fuente de asombro.

Reacciones
"Un sutilísimo cruce de historia y fábula, con ritmos excelentemente estudiados...Aqui todo está reducido al hueso, esencial, aéreo" (Paolo de stefano, Corriere della sera



"Era 1861. Flaubert estaba acabando Salammbô, la luz eléctrica era todavía una hipótesis, y en la ruleta salía siempre el número dieciséis..."

Seda es la historia de la certeza de la propia suerte. En ella se percibe una atmósfera de abandono al destino cuyos personajes lo asumen como se asume la realidad. Baricco cuenta la historia de amor y de deseo de un comerciante de gusanos de seda, para el cual el tiempo en realidad es un espacio para la reflexión. Hervé Joncour recorre ocho mil kilómetros en cada viaje a Japón y mientras recorre el mundo atraviesa ríos, montañas y mares, y cada vez que lo hace percibe que algo va cambiando en él, como el lago Baikal al que llamaban mar primero, y luego el último, el demonio o el santo, y Joncour que viaja con una carta de amor escrita con ideogramas orientales en el bolsillo presiente, solo al final, que las aguas embravecidas que presuponía en ella en realidad eran el reflejo del apacible fondo de la bahía de Niza, en donde Hélene, su mujer, le regaló tres semanas de pequeña e intachable felicidad.

Alessandro Barico ha escrito la novela de un sacrificio, como a veces es el amor o las cosas cercanas que nos rodean.

-"¿Cómo es el fin del mundo? -le preguntaron.

Invisible".


SEDA
BARICCO, Alessandro
Traducción de Mario Jurisch,
Bogotá: Editorial Norma, 1997, 125 pp.
Reseña: Mónica Montes Betancourt
Profesora del Instituto de Humanidades




Alessandro Baricco (1958) cataloga el ritmo y la textura de su novela como música
blanca. Es fácil conectar con esa sensación en un relato urdido desde la esencia, la
cotidianidad, el instante capturado. Su estructura es enemiga de la grandilocuencia:
las palabras con las que alimenta la narración están desprovistas de la pretensión de
ser memorables; lo que importa en ellas no se agota en sus caracteres, sino en lo que
queda cuando desaparecen, en sus resonancias. Advierte Baricco:

Todas las historias tienen su música. Ésta tiene una música blanca. Es
importante decirlo porque la música blanca es una música extraña, a
veces te desconcierta: se toca piano y se baila despacio. Cuando la
tocan bien, es como oír tocar al silencio, y a los que la bailan como
dioses los miras y parecen inmóviles.

En Seda son música blanca sus personajes, su estructura, el argumento: delicados y
sugerentes como la túnica de seda japonesa que consiguió Baldabiou -uno de sus
personajes-, el hombre que incitó al protagonista, Hervé Joncour, a abandonar su
carrera militar para dedicarse a comprar y vender gusanos de seda-, porque tocarla
era como tener entre las manos la nada.

Esa sensación ligera es común en la totalidad de la novela. Restar gravedad al
lenguaje, reducir la complejidad de las escenas y descargar las descripciones son
instrumentos desde los que Baricco permite al lector atravesar grafía y papel hasta
atrapar el origen, el pensamiento inicial del autor. Así es Seda, una narración
exquisita en la que simplicidad y cotidianidad encarnan antídotos contra la
indiferencia.

Su sensibilidad artesanal permite entender el éxito del que Alessandro Baricco
disfruta: no sólo es reconocido como un fenómeno literario, también ha sido
catalogado por la crítica como el mejor escritor italiano contemporáneo. Baricco, el
demiurgo, rescata las imágenes y los segundos del ovillo de estímulos que constituyen
la cotidianidad. La historia surgió de una narración que escuchó mientras esquiaba y
que se alimentó con su obstinación hasta desatarse de extremo a extremo sobre el
papel.

De estos rituales creativos brotó la historia de Joncour, “uno de esos hombres a los
que les gusta asistir a su propia vida, considerando impropia cualquier obsesión de
vivirla”.

…Cada año, a principios de enero, partía. Atravesaba mil seiscientas
millas de mar y ochocientos kilómetros de tierra. Escogía los huevos,
discutía el precio, los compraba. Después se volvía, atravesaba
ochocientos kilómetros de tierra y mil seiscientas millas de mar y entraba de nuevo en Lavilledieu, de ordinario el primer domingo de abril, de
ordinario a tiempo para la Misa Mayor.
Trabajaba todavía dos semanas más para poner a punto los huevos y
venderlos.
El resto del año, descansaba. (pág. 9)


La existencia simple de Joncour parecía inalterable hasta el inicio de sus viajes al
Japón. La novedad de la cultura, el encuentro sutil con la mujer que acompañaba a
Hara Kei –su contacto para obtener los huevos de seda- despertaron su inquietud. Los
gestos sutiles de ella, su mirada “…con ojos perfectamente mudos, a siglos de
distancia…” o el roce de la taza de té de la que había bebido, precipitan su ansiedad.

La historia entre los dos no alcanza otras concreciones por la naturaleza misma de los
personajes y por la guerra en el Japón que marcó el final de las expediciones de
Joncour. Si algo se había transformado en él, si su gesto apacible no era el mismo,
una carta devolverá la vida del protagonista a su cauce habitual. Al morir su esposa,
descubrirá que ella la escribió como legado para devolverle una vida sin sobresaltos.

Seda trasluce un pretexto para permitir que Oriente y Occidente confluyan en una
historia grácil y elemental. Si el Haiku –una de las manifestaciones de la poesía
japonesa- recupera el instante desde el que los cambios se precipitan, el relato de
Baricco, la historia de Joncour, encuentra su clímax en una búsqueda creativa similar.
Sin embargo, como ocurre en el Haiku, la fuerza de la historia no reside en la
mutación, sino en la quietud y en la calma que se experimentan después.

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